
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Mi mejor amigo decidió morir por mí,
cargó con mi castigo para que yo
pudiera vivir.
No viniste a juzgarme, me viniste a
salvar.
Y ahora lo que más quieres es que yo
me deje amar.
Abrázame, hoy me dejo querer.
Todos mis pecados arden
en el fuego de tu amor.
Y siempre que yo me caiga
Tú me levantarás.
Coronado con espinas, vestido de
dolor,
en tu último suspiro mi mundo se
apagó.
Pero al tercer día, un gran ruido se
escuchó,
fueron ángeles cantando: ¡Jesús
resucitó!
Oh abrázame, hoy me dejo querer.
Todos mis pecados arden
en el fuego de tu amor.
Y siempre que yo me caiga
Tú me levantarás.
Quiero volver a nacer en ti,
quiero volver a nacer en ti,
quiero volver a nacer en ti,
¡Ahora soy libre! ¡Ahora soy libre!
¡Porque tú me haces libre!
Todos mis pecados arden
en el fuego de tu amor.
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debemos dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den a culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
VOZ EN OFF
Hola Jesús.
Hoy me he dado cuenta de algo que parece un poco obvio, pero me ha explotado en la cara.
Tengo sed.
Tengo mucha sed.
Pero muchísima sed.
No sé bien ponerle palabras, ni siquiera sé si es sed este deseo de más, pero me doy cuenta de que todo lo que hago está orientado a tratar de saciar algo ahí dentro.
Lo que digo, y lo que callo. Cómo actúo, incluso lo que pienso. Es más, creo que eso mismo me ha traido hasta aquí. Esa sed…
Me pregunto… y mientras Tu
solo me miras.
Resuenan tus palabras:
"Si conocieras el don de Dios…”
Pedirías a quién te puede dar.
Buscarías y encontraras que ya te busco.
Y, yo, deseoso de encontrarte te daría
el agua viva.
Agua VIVA!
el agua que nace de mi costado,
la Vida de verdad que tanto anhelas,
y que estoy deseando darte!
Una fuente, un manantial.
Un agua que sacia.
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
Surtidor, que riega a todos.
No un agua estancada, que te encierra en ti,
si no un agua que corre,
que sobreabunda y da de beber a todo el que se acerca.
¡quiero hacer de ti también una fuente!
de la que brote agua transparente y pura
que no posee, que solo se da.
Búscame, busca ese agua,
y descubrirás que el sediento soy yo.
Te miro, Jesus,
y escucho en mi tu voz:
Me susurras una petición
que contiene en si todas las respuestas.
"Dame de beber.”
En ciudades de coronas blancas.
En los cantos de gargantas altas.
En las ruinas ecos del pasado.
En cada página del libro sagrado.
En la sal, agua que empapa el alma.
En la brisa que prende las brasas.
En inciensos que trepan pilares.
En ofrendas que se encienden suplicantes.
En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.
En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de luz dorada
reveló su Palabra.
En cien mil, en cada nombre.
En la danza de liternas de la noche.
En los ojos cerrados contemplando.
En el monte donde duermen los hermanos.
En la larga alfombra de dolor.
En el silencio que mece mi voz.
En el trigo, la vida y las ganadas.
En la mostaza que, discreta, todo guarda.
En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.
En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de luz dorada
reveló su Palabra.
Aquí se encarnó,
vivió entre los hombres.
Y lo encuentro en cada paso que doy
en esta tierra.
En esta Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.
Sin nada viniste al mundo, sin nada te
vas,
ni tan solo donde reposar.
En hora de soledad, de abandono
total,
yo quiero dar la cara por Ti.
Quiero estar donde estás Tú,
desclavarte de la cruz.
Con todo el amor que me das Tú,
envolverte con mi vida,
enterrarte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.
Ahora todo ya ha pasado, ya somos
hijos de Dios,
se ha cumplido nuestra redención.
Tú has muerto por mí, Jesús,
mi esperanza está en la cruz,
¡quiero que en mi alma vivas Tú!
Quiero estar donde estás Tú,
desclavarte de la cruz.
Con todo el amor que me das Tú,
envolverte con mi vida,
enterrarte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.
Quiero ser como tu madre, que te
cuidó hasta el final.
Ser como Tú y dar la vida para acabar
con el mal.
¡Resucita en mí! ¡Ven ya!
Quiero estar donde estás Tú,
esconderte dentro de mi corazón,
de donde nadie te pueda sacar,
para que así puedas descansar.
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.