Que nos queramos siempre más

🗓 12 de abril de 2022


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


Evangelio

Del santo evangelio según San Lucas (Lc 22, 14-23,56)

Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró.

Silencio y espera

Nada más que silencio.
Silencio y espera.
Nada más.
Nada más.
Nada más.

Silencio para mirarte.
Silencio para a abrazarte.
Silencio para pegarme a tu costado y no soltarte.

Espera en ti.
Espera en tus promesas.
Espera en todas tus heridas.
Cada una me transforma,
Cada una me salva,
Cada una llora por mis pecados.

Silencio y espera.
Ahora lo veo en persona.
Ahora lo veo en tu Madre.
En ella sólo queda la mirada.
Y sólo con su mirada basta.
Llora por dentro,
Porque cada una de sus lágrimas es solamente para ti.
Todo en ella es sólo para ti.
Todo te lo regala,
Todo te lo entrega,
Corazón, amor, dolor…
Todo es dado a través de dos ojos posados en una cruz.

Dos ojos y una cruz.
Cruz grabada en sus pupilas para siempre.
Cruz abrazada en su corazón para la eternidad.
Y ahí queda todo.
Cada imagen,
cada recuerdo,
cada sonrisa,
cada caída,
cada palabra.
Todo dentro.
Todo guardado.
Todo como un tesoro.
Todo como lo que es:
La vida de su hijo.
La vida del Hijo de Dios.
La vida del Salvador,
Del Amor, del Amado,
La vida…
¿Dónde está su vida, Madre?

Ahora la vida calla.
Ahora la vida espera.
Ahora queda tu mirada.
Tu mirada que susurra abrazos.
Tu mirada que se derrite en besos.
Y en tus ojos, cada uno tus hijos.
Mirándole le pides por ellos.
Mirándole le pides por mí.

Y yo, también le miro.
Y te miro a ti, Madre.
Por su sangre nazco de nuevo.
Por su sangre vence el amor.
Por su sangre me ato a la cruz.
Por su sangre Madre, ahora tú eres mi madre.

Por su sangre me quedo contigo.
Y que el silencio nos envuelva.
Que la espera nos abrace.
Silencio y espera.