EL ÚNICO REY

🗓 27 de noviembre de 2025


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


Forofos

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Todos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

Por los que viven para mirarte
y nada más, fuerza de todos,
adelantando el Cielo:
Hermanas de Belén, Benedictinos,
Císter, Iesu Communio, Clarisas,
Concepcionistas, Carmelitas y
tantos más, y tantos más.

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Todos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

Por los que son tu primavera
pentecostal, llenos de vida,
movidos por el Espíritu:
Cursillos, Comunión y Liberación,
Renovación Carismática, Schoenstatt,
Opus Dei, Focolares, Hakuna,
el Camino, Effetá, y tantos más.

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Todos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

Por los que son consuelo tuyo en el
dolor, besando heridas,
en tu pobreza y marginación:
Hijas y Misioneras de la Caridad,
Mercedarios, Trinitarios,
Hospitalarios, Hermanitas y tantos
más, y tantos más.

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Todos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

Por los que te estudian y predican,
inconformistas, sin límites,
siempre mar adentro:
Maristas, Salesianos, Escolapios,
Agustinos, Franciscanos,
Legionarios, Jesuitas, Dominicos, y
tantos más, y tantos más.

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Todos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

Por los que sostienen tu familia día a
día, siervos de todos:
sacerdotes diocesanos, parroquias,
seminaristas,
misioneros, obispos junto a Pedro,
¡el Papa!

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Somos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!

¡Que seamos todos uno
como el Padre y Tú sois uno!
¡Somos forofos de todos,
que nos queramos siempre más!


Sencillamente

Creo, sencillamente
quiero disfrutar de
la serenidad del creer.
Desligar el creer del sentir,
creo, mi Dios, ¡y basta!

Te creo en tus Misterios
sin entenderlos
te creo en mí y en el Pan Blanco,
en el prójimo y en la Creación,
sin verte en ningún lado.

Creo, Señor, sencillamente
Porque creer es confiar
¡Cómo me gusta creerte
sintiendo dudas,
sintiendo dudas,
sintiendo dudas!

Digo que eres Amor
escucho que soy tu amado
no siento y qué más da,
¡te quiero y eso basta!

Amo, Señor, sencillamente
porque amar es entregarse
¡Cómo me gusta amarte
estando frío,
estando frío,
estando frío!

Espero en tu Palabra,
vivo en tu Promesa,
¡gozo en Ti lo que aún me falta!

Espero, Señor, sencillamente
porque esperar es descansar
¡Cómo me gusta esperarte
sintiendo miedo,
sintiendo miedo,
sintiendo miedo!

Creo, amo, espero
cómo me gusta seguirte
sintiendo dudas
estando frío
sintiendo miedo
cómo me gusta
cómo me gusta

¡Creerte, amarte y esperarte!
Sigo sencillamente.


Evangelio

«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

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Hay silencios que pesan.
Silencios que no dan respuestas inmediatas,
que no arreglan todo al momento,
que no aparecen con soluciones mágicas.
Y a veces me cuesta entenderlos.
Me cuesta entenderte.

Digo que eres Rey,
que reinas en mi vida,
que confío en ti…
pero cuando algo me supera,
me encuentro discutiéndote,
cuestionándote,
hablándote como si estuviéramos a la misma altura.
Como si tú tuvieras que explicarme todo.
Como si yo supiera reinar mejor mi propia historia.

En esos momentos, tu silencio no grita,
no me obliga,
no me arrastra.
Solo está.
Un silencio paciente,
de alguien que no va a romper mi libertad
ni a imponerme su camino.
Un silencio que me da espacio,
que me deja respirar,
aunque a veces ese espacio me confronte con mis dudas.

Ese silencio me hace una pregunta que no suena en mis oídos,
pero sí en mi corazón:
¿De verdad quieres que sea tu Rey?
¿O solo lo dices cuando todo va bien?
¿Te lo crees?
¿Confías en mí o solo me buscas cuando te hace falta algo?

Y la verdad…
la mayoría de los días no tengo una respuesta clara.
A veces ni me lo creo.
A veces siento que no encajo en tu reino,
que no doy la talla,
que no soy suficiente.

Pero hoy quiero decirlo claro,
desde lo que soy, sin máscaras:
sí, quiero que reines en mi vida.
Quiero saberme de tu reino,
aunque me cueste,
aunque dude,
aunque a veces te ponga a prueba.
Quiero aprender a descansar en tu manera de amar:
tranquila, paciente, sin presionar.

Por eso te pido algo simple pero real:
enséñame a ver la fuerza que hay en la humildad,
la belleza que hay en ser pequeño,
lo valioso que es reconocer mis límites.
Enséñame que no tengo que demostrar nada para ser amado,
que incluso mis grietas pueden ser un lugar donde entra tu luz.

Haz mi corazón más sencillo,
menos orgulloso,
más disponible.
Uno que pueda confiar sin necesitar señales todo el tiempo,
uno que pueda quedarse contigo incluso cuando callas.

Y hoy, con todas mis dudas,
con mis miedos,
con mis ganas de entenderlo todo,
te lo digo de verdad, sin adornos:

Tú eres Rey.
Tú eres mi Rey.
Y aunque todavía esté aprendiendo cómo se vive eso,
quiero que tomes mi vida con la libertad que me das
y la transformes desde dentro,
despacio, sin prisas,
como solo tú sabes hacerlo.


Dime Padre

Dime Padre,
¿qué podemos hacer?
Tus hijos se pierden
y no entiendo por qué.

Dime Padre,
cada día se alejan más
y de verdad que no he hecho nada mal
pero curan sus heridas con lo que no les curará.

Les di el mandamiento del Amor,
me crucificaría mil veces más,
pero ellos huyen de su Creador
y de su eterna felicidad.

Y es que los hemos hecho tan libres
que a veces me duele pensar
que este don y este regalo
lo utilicen para el mal.

Dime Padre,
cómo a nuestra familia reunir.
Les ofrecemos la eternidad,
pero prefieren huir.

Dime Padre,
cómo ablandar su corazón,
cómo quitar esta coraza
formada por el dolor.

Si supieran cuánto les amamos,
si superan que todo tiene un por qué,
dime Padre cómo sus almas acoger.

Si supieran que ahora somos dependientes
de que nuestra creación nos quiera,
nuestro único deseo
es que sus almas estén llenas.

Dime Padre,
cómo les explicamos
que son
lo que más amamos.

Dime Padre, cómo les guiamos
a aquello que les completa
si es que se refugian en falsas metas.
Y nos destroza verles odiarse,
verles odiarse con tanta fuerza.

Dime Padre,
cómo parar este dolor.
Quiero que me quieran
pero no es su obligación.

Les miro con mis ojos,
llenos de compasión
y te aseguro que acepto
cualquier tipo de perdón.

Solo nos queda esperar
a que escuchen nuestra voz,
que vean las puertas abiertas
de este Cielo acogedor.

Que siempre serán bienvenidos
a los brazos de este Corazón,
que solo quiere verlos unidos
en la tierra con su Salvador.

Y me hago Pan pero no me ven,
me cuelo en sus pensamientos pero no me ven,
me meto en sus entrañas una y otra vez,
lloro todos los días pero no me ven.

Dime Padre, qué puedo hacer.
Tus hijos se pierden y se alejan
y me da miedo que no sepan volver.
(INTERLUDIO)

Papá, ¿dejarán de llorar?
Espero que estos caminos vacíos
se puedan solucionar.

Esperaré hasta el último segundo
para volverlo a intentar.
No me rendiré,
quiero a tus hijos de verdad.

No ven que el Bien ya ha vencido,
que la serpiente que les hace temblar
ya la ha pisado mi Madre,
¡Solo tienen que mirarme y vivirán!


El único rey

Tú, el Único Rey que tiene que reinar
El Único Señor al que voy a alabar
Hoy levanto el corazón al que lo conquistó
Simplemente porque Tú eres Dios

Quiero ponerte por encima de todo
En cada momento sentarte en el trono
Que tu alabanza esté siempre en mi boca
Y reconocer que Tú eres Dios
Que alabarte a Ti, Señor,
Sea siempre lo primero
Fijo mi mirada en el cielo

Tú, el Único Rey que tiene que reinar
El Único Señor al que voy a alabar
Hoy levanto el corazón al que lo conquistó
Simplemente porque Tú eres Dios

Y a Ti, toda la alabanza,
Todo el poder y el honor,
Toda la gloria al Señor

Y a Ti, toda la alabanza,
Todo el poder y el honor,
Toda la gloria al Señor

Y a Ti, toda la alabanza,
Todo el poder y el honor,
Toda la gloria al Señor

Y a Ti, toda la alabanza,
Todo el poder y el honor,
Toda la gloria al Señor

Tú, el Único Rey que tiene que reinar
El Único Señor al que voy a alabar
Hoy levanto el corazón al que lo conquistó
Simplemente porque Tú eres Dios

Tú, el Único Rey que tiene que reinar
El Único Señor al que voy a alabar
Hoy levanto el corazón al que lo conquistó
Simplemente porque Tú eres Dios


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.