
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Que bien se está cuando se está bien,
Tú me lo has enseñado,
Y tengo prisa en amarte.
Que bien se está contigo. (X2)
Amando, adorándote Señor,
riendo, sirviendo con amor,
Consolado en mi interior.
Arrodillado ante ti,
ante el hermano,
ante Cristo disfrazado el que sufre en soledad.
Arrodillado ante los pobres de las
Calcutas de mi ciudad,
Ante los pobres que visten a la moda,
Pobres de falsedad.
Arrodillado ante universitarios,
sedientos de amor.
Que bien se está cuando se está bien,
Tú me lo has enseñado,
Y tengo prisa en amarte.
Que bien se está contigo.
Quiero que me gustes más, Señor, Que me atraigas Tú,
Que me seduzcas,
Que me enamores Tú.
Que resultes irresistible,
Que seas mi único tesoro,
Tú, El más bello de los hombres.
Arrodillado ante los pobres de las Calcutas de mi ciudad,
Ante los pobres que visten a la moda, Pobres de falsedad.
Arrodillados antes universitarios, sedientos de amor.
Que bien se está cuando se está bien
Tú me lo has enseñado, Señor
y tengo prisa en amarte
Que bien se está contigo.
No olvidare tus cinco palabras,
“a mí me lo hicisteis”.
Gracias porque puedo confiar
en Ti, Señor,
Mi Dios.
Que bien se está cuando se está bien
Tú me lo has enseñado,
y tengo prisa en amarte.
Que bien se está contigo (x2)
Del santo evangelio según san Lucas (6,17.20-26):
En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».
Para mí
Aquí tienes a tus discípulos Jesús.
Aquí tienes a cientos de locos siguiéndote,
Buscando un hueco para escucharte mejor.
Cientos como yo te escuchamos en silencio,
Cientos como yo deseamos tu palabra,
La buscamos, la necesitamos…
Pero ninguno lo hace igual.
Hoy te has parado en esta llanura.
Justo en donde estaba yo.
Sin esperarlo, sin planearlo.
Te has parado en mi vida, en mis amigos, en mis padres, en mis problemas.
Y aquí te tengo ahora, delante de mí.
Y aunque has venido a hablar a todos,
Sé que cada palabra es para mí.
Aunque te has parado ahí delante para que te veamos todos,
Sé que esta mirada es solo para mí.
Para mí.
Para los dos.
Para que cada una de tus palabras se tatúe en mi corazón.
Para que cada vez que te mire en este pan salte de gozo, de alegría, de amor.
Para poder seguirte cada día,
Levantarme una y otra vez tras cada caída,
Abrazarte cuando no me quede nada,
Porque me daré cuenta de que no necesito nada.
Jesús, cuando te miro,
Cuando por fin te encuentro en esta llanura,
Entre tantas cosas que intentan cegarme,
Empiezo a entender como vives Tú.
Cuando te escucho,
Cuando distingo tu voz entre los gritos de un mundo que me arrastra,
Que sin quererlo me aleja de ti,
Empiezo a entender como quieres que viva yo.
Y en esos momentos,
Hay días que aún así no te encuentro,
Que todo parece muy lejano, muy borroso, muy complicado.
Me pregunto dónde estás,
O qué es lo que quieres.
O porqué parece que me escondes tu rostro.
Me siento pobre, porque no soy nada.
Me dan ganas de llorar, porque no siento nada.
El mundo me insulta, me hiere.
Y el hambre de ti me atraviesa entera.
Pero entonces recuerdo tus palabras.
Recuerdo que me llamas bienaventurada.
Y que sólo así alcanzaré el reino,
Sólo así seré consolada
Sólo así seré saciada.
Recuerdo y respiro.
Recuerdo y sonrío.
Porque me vuelvo a dar cuenta Jesús,
Sólo así, te necesito.
Creo, sencillamente
quiero disfrutar de
la serenidad del creer.
Desligar el creer del sentir,
creo, mi Dios, ¡y basta!
Te creo en tus Misterios
sin entenderlos
te creo en mí y en el Pan Blanco,
en el prójimo y en la Creación,
sin verte en ningún lado.
Creo, Señor, sencillamente
Porque creer es confiar
¡Cómo me gusta creerte
sintiendo dudas,
sintiendo dudas,
sintiendo dudas!
Digo que eres Amor
escucho que soy tu amado
no siento y qué más da,
¡te quiero y eso basta!
Amo, Señor, sencillamente
porque amar es entregarse
¡Cómo me gusta amarte
estando frío,
estando frío,
estando frío!
Espero en tu Palabra,
vivo en tu Promesa,
¡gozo en Ti lo que aún me falta!
Espero, Señor, sencillamente
porque esperar es descansar
¡Cómo me gusta esperarte
sintiendo miedo,
sintiendo miedo,
sintiendo miedo!
Creo, amo, espero
cómo me gusta seguirte
sintiendo dudas
estando frío
sintiendo miedo
cómo me gusta
cómo me gusta
¡Creerte, amarte y esperarte!
Sigo sencillamente.
Quiero encontrarte
Quiero contarte mis planes, hacerte reir.
Quiero maravillarme
Quiero saber mirarte en la puesta de Sol
Quiero lo que Tú quieras
Quiero la fuerza que tienes para conquistar
Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.
(x2)
Quiero entregarme
Quiero un mar de ilusiones poder navegar
Quiero abrirte la puerta
Quiero dejar que Tú seas la luz que hay en mí.
Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,
basta con suspirar.
(x2)
Lerelerelerelere
lerelerelere
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.
Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,
basta con suspirar.
(x2)
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.