DESEAR EL DESEO

🗓 11 de diciembre de 2025


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


El Rey de la Gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe, y todos sus habitantes.
Él la fundó sobre los mares, él
la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte
del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?

El hombre de manos
inocentes, y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura
contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del
Señor,
le hará justicia el Dios de
salvación.

Este es el grupo que busca,
que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas
compuertas: va a entrar,
el Rey de la Gloria.


¿Quién es ese Rey,
el Rey de la Gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.


¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas
compuertas: va a entrar,
el Rey de la Gloria.

¿Quién es ese Rey,
el Rey de la Gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos;
Él es el Rey de la Gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas
compuertas: va a entrar,
el Rey de la Gloria.

¿Quién es ese Rey,
el Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos;
Él es el Rey de la Gloria.


Huracán

Me he hecho tantas preguntas
Intentando entender
Me he lanzado a buscarte
Sin saberte ver
Me he asomado al abismo
Me he atrevido a saltar y caer

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta

Y me han dado respuestas
Pero no se que hacer
He prometido seguirte sin entender
Y hay un eco en lo hondo que me empuja hacia ti
Y aunque sea sin sentirte te buscaré

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta x2

Estoy aquí, en el silencio
Estoy aquí, en este viento
Estoy aquí, soy este trozo de pan
Estoy aquí, en tu lamento
Estoy aquí, en ese eco
Estoy aquí, soy este trozo de pan

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta  (x4)
Y tu huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándome cuanto me haces falta


Evangelio

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

A veces siento que vivo con demasiadas capas encima: hábitos que ya no me ayudan, miedos que me frenan, inseguridades que me vuelven más pequeño de lo que soy. Y en medio de todo eso aparece una llamada que no grita, pero tampoco se esconde: «Cambia. Despierta. Prepárate. El Reino está cerca». No es una amenaza, ni un ultimátum, ni una frase para asustar. Es una sacudida. Un recordatorio de que no nací para quedarme donde estoy, ni para repetir siempre lo mismo, ni para vivir con el corazón a medias. Hay caminos en mí que necesitan ser allanados, gestos que necesitan ser honestos, decisiones que hace tiempo deberían haber salido de mi zona cómoda. Porque hay un Reino que se acerca, un Reino que no se imparte, pero sí pide espacio. Y ese espacio está en mi interior. A veces me excuso: «Yo siempre he sido así», «Esto no es para mí», «Ya cambiaré en otro momento». Pero hay una voz que no compra mis excusas, que no se deja engañar por mis autojustificaciones, que me dice con claridad: no basta con aparentar, no basta con cumplir, no basta con venir “a ver qué pasa”. La conversión de verdad se nota en los frutos. Y me pregunto: ¿Qué fruto estoy dando? ¿Qué decisiones hablan de quién soy? ¿Qué gestos revelan lo que llevo dentro? ¿Qué estoy alimentando y qué estoy dejando morir? La llamada no es a ser perfecto, ni brillante, ni espectacular. Es a ser real. A dejarme transformar. A permitir que Dios entre sin filtros y haga en mí lo que yo solo no puedo. Porque hay alguien que viene con más fuerza que yo, más verdad que mis máscaras, más luz que mis sombras. Alguien que no se conforma con una vida mínima, que quiere encender lo que está apagado, limpiar lo que está lleno de ruido y bautizarme con un fuego que no destruye, sino que purifica. Hoy quiero decirlo en serio: prepárame por dentro, remueve lo que está endurecido, despeja lo que tapa mi corazón y enséñame a dar el fruto que nace cuando dejo de tener miedo a cambiar. Que mi conversión no sea un gesto puntual, sino un camino. Un camino que te abra espacio. Un camino donde tu Reino pueda entrar.


Mi amado

Ya, toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado.

Que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.


Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida.

Y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado.

Que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.


Me hirió con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador.

Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado.

Que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado. (x2)


Que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado. (x2)


Bendito

Bendito sea Dios, su santo nombre
Bendito Jesucristo, Dios de carne
Bendita creación que enmoró a su Creador
Bendito deseado y deseante

Bendito sea Dios su ardiente corazón
Su preciosa sangre, su presencia
apasionada en el altar
Bendito el Espíritu libre y amante
Bendita la Madre de Dios, José, los
ángeles, los santos
Bendito Cristo entre nosotros:
¡¡su familia!!

Uuuuuuuuuuuuu
Que da la vida
¡¡Bendito sea Dios que da la Vida!!


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.