
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú eres santo.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Señor.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Altísimo.
Te alabo, mi Dios
y siempre te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabo, mi Dios
solo Tú eres santo.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Señor.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Altísimo.
Te alabo, mi Dios
y siempre te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré
Te alabaré, te alabaré.
Te alabaré, te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Los coros del universo te aclaman a
Ti, a Ti para siempre. (x2)
Con la Palabra y con Tu aliento,
creaste el mundo para mí,
estableciste espacio y tiempo.
Sostienes cada momento,
hoy te encuentro, vengo a Ti.
Reconocemos Tu grandeza,
en el silencio de Tu sí,
nos estremece Tu belleza.
Ahora estando en Tú presencia,
nos postrarnos ante Ti,
solo ante Ti.
Grandes y maravillosas,
son todas Tus obras.
Los coros del universo te aclaman a
Ti, a Ti para siempre. (x2)
Con la Palabra y con Tú aliento,
hiciste al hombre para Ti,
nos haces hijos en Tu Hijo.
Todo fue creado por Él,
y para Él.
Grandes y maravillosas,
son todas Tus obras.
Los coros del universo te aclaman a
Ti, a Ti para siempre. (x4)
Gloria, gloria a Ti,
gloria a Ti,
a Ti para siempre. (x4)
Los coros del universo te aclaman a
Ti, a Ti para siempre. (x2)
Mt 28, 16-20
«En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”».
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Hola, Jesús.
Tu ascensión.
Una cosa buena de este pasaje es que resulta fácil dar rienda suelta a la imaginación y verte ascendiendo lentamente: las nubes, el sol que ciega, las caras de los apóstoles…
Pero esta vez he empezado a rezar con el Evangelio y me he puesto a pensar en los apóstoles.
Algunos dudaron antes de postrarse.
Después de todo lo que habían visto y oído, incluso después de haber estado contigo resucitado, algunos dudan… Eso me da esperanza; me tranquiliza ver que lo de dudar de ti sigue siendo normal, da igual cuánto tiempo te conozcamos.
Pero entonces he parado, porque una vez más he ido a lo rápido, a lo fácil en el Evangelio: un mensaje, algo que llevarme a mi día a día, una enseñanza que me dé paz.
¿Y Tú? Imagino la cara de los apóstoles, ¿y la tuya de cerca? El libro de los Hechos cuenta que los apóstoles se fueron alegres, ¿y Tú qué sentiste?
No recuerdo haberte preguntado nunca qué sentiste cuando ascendías, Jesús.
Si ascendiste en cuerpo y alma, ascendiste con un corazón humano. Glorificado, sí, pero humano, y eso significa una cosa: en ese corazón habría una buena mezcla de sentimientos, como en todo corazón humano.
Una alegría que no soy capaz de imaginar, porque vuelves al Padre, a ese Padre que tanto quieres.
Padre tuyo y Padre nuestro.
Vuelves después de haber cumplido la misión por la que bajaste a la tierra; vuelves para quedarte para siempre a su lado y no volver a separarte jamás.
Claramente estarías sonriendo.
Pero, ¿y los hombres? Pedro, los otros diez, María… ¿No echarías un poco de menos estar con ellos? Los paseos por el mar de Galilea, comer con ellos, explicarles una vez más lo que son incapaces de entender…
No sé si sentirías algo de pena por dejar la tierra, pero sí sé que no me he enterado bien de lo que significa la ascensión.
“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”.
Pero ya no te veremos en cuerpo y alma…
“Estoy con vosotros todos los días”.
Pero ahora tus palabras están en la Biblia, ahí plasmadas.
Y en ellas eres Tú en persona hablando…
“Estoy con vosotros todos los días”.
Porque lo que a mí me parece un final, para Ti es un nuevo comienzo.
Fin de tu paso por la tierra, fin de la Pascua, casi fin de curso…
¿Fin?
¿O nueva etapa en la que vivo de una promesa?
Y esa promesa es sencilla, pero potente: que estás todos los días.
Tú,
Jesús resucitado,
vivo,
conmigo,
con nosotros,
en medio de tu Iglesia.

Solo Tú eres grande, eres glorioso, eres tempestad
Solo Tú eres fuego, eres belleza, eres eternidad
Solo Tú eres inmenso, eres silencio, eres la verdad
Solo Tú eres descanso, eres digno, me das identidad
No hay palabra que Te pueda definir
No hay palabra que describa Tu existir
Incomparable, innombrable, indescriptible
Incomparable, innombrable, indescriptible
Solo Tú eres abismo, eres misterio, eres bondad
Solo Tú eres libre, eres amor, pura divinidad
No hay palabra que Te pueda definir
No hay palabra que describa Tu existir
Incomparable, innombrable, indescriptible
Incomparable, innombrable, indescriptible
Y Te hiciste hombre y me dejaste nombrarte
Me diste unos ojos a los que mirarte
Eres palabra y Te puedo describir
Eres camino, eres el principio y fin
Eres nombrable, puedo abrazarte, quiero cantarte que solo Tú puedes saciarme
Eres nombrable, puedo abrazarte, quiero cantarte que solo Tú puedes saciarme
Eres nombrable, puedo abrazarte, quiero cantarte que solo Tú puedes saciarme
Eres nombrable, puedo abrazarte, quiero cantarte que solo Tú puedes saciarme
Solo Tú puedes saciarme
Solo Tú puedes saciarme
Solo Tú puedes saciarme
Bendito sea Dios, su santo nombre
Bendito Jesucristo, Dios de carne
Bendita creación que enmoró a su Creador
Bendito deseado y deseante
Bendito sea Dios su ardiente corazón
Su preciosa sangre, su presencia
apasionada en el altar
Bendito el Espíritu libre y amante
Bendita la Madre de Dios, José, los
ángeles, los santos
Bendito Cristo entre nosotros:
¡¡su familia!!
Uuuuuuuuuuuuu
Que da la vida
¡¡Bendito sea Dios que da la Vida!!
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.