AMAR, MORIR, RESUCITAR

🗓 25 de marzo de 2026


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


Lo busco en Tierra Santa

En ciudades de coronas blancas.
En los cantos de gargantas altas.
En las ruinas ecos del pasado.
En cada página del libro sagrado.

En la sal, agua que empapa el alma.
En la brisa que prende las brasas.
En inciensos que trepan pilares.
En ofrendas que se encienden suplicantes.

En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.

En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de luz dorada
reveló su Palabra.

En cien mil, en cada nombre.
En la danza de liternas de la noche.
En los ojos cerrados contemplando.
En el monte donde duermen los hermanos.

En la larga alfombra de dolor.
En el silencio que mece mi voz.
En el trigo, la vida y las ganadas.
En la mostaza que, discreta, todo guarda.

En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.

En Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de luz dorada
reveló su Palabra.

Aquí se encarnó,
vivió entre los hombres.
Y lo encuentro en cada paso que doy
en esta tierra.

En esta Tierra Santa
lo busco en Tierra Santa
colinas de piel dorada
reveló su Palabra.


Evangelio

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Je­sús, diciendo:

«Señor, tu amigo está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:

«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.

Sólo entonces dice a sus discípulos:

«Vamos otra vez a Judea. »

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. »

Jesús le dijo:

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le dice:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó:

«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó:

«¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús:

«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dice:

«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».

Jesús le dice:

«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:

«Lázaro, ven afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

………….

VOZ EN OFF

Esta es tú promesa: que quien cree en ti, aunque muera, vivirá; y que aquel que habita en ti no conocerá la muerte eterna.

Parece sencillo…

Sin embargo, cada día llego ante ti arrastrando el peso de mis circunstancias, abrumado por lo que no puedo controlar.
Y en el silencio, tú solo me haces una pregunta: “¿Crees esto?”

¿Crees, que yo soy la vida?

No buscas grandes palabras, sino una respuesta sincera.
Una respuesta de corazón, de verdad,
aunque llegue titubeando.
No necesitas mis fuerzas, solo mi entrega;
Solo mi entrega.
Tu lo puedes todo, absolutamente todo: sólo necesitas que me abandone a ti.

Porque donde ya no hay esperanza, apareces tú, y la haces brotar.
Y donde parece que ha ganado la muerte, llegas tú y nos sorprendes con la vida.
Y donde el mundo dice que todo está perdido, tu vences, una y otra vez

Tú lo puedes todo. Todo.
Y no exiges perfección: un poco de fe y un corazón abandonado en ti son suficientes para ti.
No necesitas mis fuerzas, solo mi entrega.

Por eso hoy te pido, Jesús: toma este corazón de piedra y cámbialo. Pues soy muy pequeño; soy débil, pobre y, a veces, me siento inútil. Pero si para ti esta pobreza es suficiente, tómala y haz con ella lo que quieras.

Tú resucitas cada cosa que tocas.
Te pido, entonces, que toques mi existencia entera.
Hazla tuya, quítame el control y enséñame a descansar en tu voluntad.

Me abandono a ti.
Me abandono a ti.
Me abandono totalmente a ti.


La medida del amor (Estación XI)

¿Cuál es la medida del amor?
¿Cuánto alcanzan los latidos del
dolor?
“Padre mío, dales tu perdón.
Aún no saben que esas manos son de
Dios”.

Se conmueve el universo en cada
golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos
empapados
de la sangre del más bello
Redentor.
Tu dolor me vuelve loco,
me da vida, y sin hablar me enseña
todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.

En la Cruz clavaron el amor,
y un abrazo se hizo eterno en mi
dolor.
Clávame contigo, mi Jesús,
quiero darme y darlo todo como Tú.

Se conmueve el universo en cada
golpe
y el silencio deja hablar al corazón.
Un madero y unos clavos
empapados
de la sangre del más bello
Redentor.
Tu dolor me vuelve loco,
me da vida, y sin hablar me enseña
todo
lo que puede un corazón,
la medida sin medida del Amor.


El Rey de mi vida

Quiero alabarte sin parar
todos los días.

Que tu presencia sea el anhelo
de mi vida.

Yo quiero hacer tu voluntad.
Señor yo te quiero agradar.

Y quiero darte
siempre el primer lugar.
Yo quiero darte
siempre el primer lugar.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Quiero adorarte sin parar
todos los días.

Que tu presencia sea el anhelo
de mi vida.

Yo quiero hacer tu voluntad.
Señor yo te quiero agradar.

Y quiero darte
siempre el primer lugar.
Yo quiero darte
siempre el primer lugar.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.