
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Que enfermo corazón,
que te dice que no.
Que da hasta dos mil vueltas
sobre la razón, sufre en la fricción
entre el mundo y tu amor.
Que humano y vacío se queda el dolor
al sobrevivir, y no vivir contigo.
Soy nacido de lo alto,
resurgido en el Jordán.
Con agua y fuego me sellaste,
mi destino, la eternidad.
Ha empezado la batalla,
en cada corazón.
Los cojos corren los mudos claman:
la victoria inevitable del Amor.
Mi corazón mira hacia oriente en espera de su Salvador.
No quiero hacer esperar
a un Cielo que ha empezado ya.
Los ciegos nunca vimos tanto color
ni muertos tan vivos por amor.
Y que prometida salvación,
que ya comenzó.
En alianza a su pueblo, alianza
conmigo,
eres fiel a mí, Tú me has elegido.
Unidos Tú y yo, recorriendo el camino
y si trato de huir, o miro a otro lado
gobiernas tú mis pasos.
Soy nacido de lo alto,
resurgido en el Jordán.
Con agua y fuego me sellaste,
mi destino, la eternidad.
Ha empezado la batalla,
en cada corazón.
Los cojos corren los mudos claman:
la victoria inevitable del Amor.
Mi corazón mira hacia oriente
en espera de su Salvador.
No quiero hacer esperar
a un Cielo que ha empezado ya.
Los ciegos nunca vimos tanto color
ni muertos tan vivos por amor (x2)
Y que prometida salvación,
que ya comenzó.
En alianza a su pueblo, alianza
conmigo,
eres fiel a mí…
Dime Padre,
¿qué podemos hacer?
Tus hijos se pierden
y no entiendo por qué.
Dime Padre,
cada día se alejan más
y de verdad que no he hecho nada mal
pero curan sus heridas con lo que no les curará.
Les di el mandamiento del Amor,
me crucificaría mil veces más,
pero ellos huyen de su Creador
y de su eterna felicidad.
Y es que los hemos hecho tan libres
que a veces me duele pensar
que este don y este regalo
lo utilicen para el mal.
Dime Padre,
cómo a nuestra familia reunir.
Les ofrecemos la eternidad,
pero prefieren huir.
Dime Padre,
cómo ablandar su corazón,
cómo quitar esta coraza
formada por el dolor.
Si supieran cuánto les amamos,
si superan que todo tiene un por qué,
dime Padre cómo sus almas acoger.
Si supieran que ahora somos dependientes
de que nuestra creación nos quiera,
nuestro único deseo
es que sus almas estén llenas.
Dime Padre,
cómo les explicamos
que son
lo que más amamos.
Dime Padre, cómo les guiamos
a aquello que les completa
si es que se refugian en falsas metas.
Y nos destroza verles odiarse,
verles odiarse con tanta fuerza.
Dime Padre,
cómo parar este dolor.
Quiero que me quieran
pero no es su obligación.
Les miro con mis ojos,
llenos de compasión
y te aseguro que acepto
cualquier tipo de perdón.
Solo nos queda esperar
a que escuchen nuestra voz,
que vean las puertas abiertas
de este Cielo acogedor.
Que siempre serán bienvenidos
a los brazos de este Corazón,
que solo quiere verlos unidos
en la tierra con su Salvador.
Y me hago Pan pero no me ven,
me cuelo en sus pensamientos pero no me ven,
me meto en sus entrañas una y otra vez,
lloro todos los días pero no me ven.
Dime Padre, qué puedo hacer.
Tus hijos se pierden y se alejan
y me da miedo que no sepan volver.
(INTERLUDIO)
Papá, ¿dejarán de llorar?
Espero que estos caminos vacíos
se puedan solucionar.
Esperaré hasta el último segundo
para volverlo a intentar.
No me rendiré,
quiero a tus hijos de verdad.
No ven que el Bien ya ha vencido,
que la serpiente que les hace temblar
ya la ha pisado mi Madre,
¡Solo tienen que mirarme y vivirán!
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que, al amanecer, salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
——
Tu lógica
Está claro que tu lógica no es como la mía:
Hace una semana me dijiste que 70 veces eran pocas, que el perdón no conoce límite… y hoy me dices que tu amor no se compra, que no me gano el cielo por trabajar duro. No consigo tu misericordia por trabajar para ti, sino que trabajo para ti cuando me abro a tu misericordia: que todo es recibido.
Pues sí, reconozco que la parábola no me ha convencido del todo, sobre todo el final… Oírte hablar así del Reino de los Cielos… no me convence.
Y es que, cuanto más lo pienso, menos me encaja: estos trabajadores llegan al final, trabajan solo un rato, ¡y cobran lo mismo que los que llevan sudando todo el día!
Otra vez me pierdo con tu lógica:
Pues me parece injusto: ¿acaso es bueno que los primeros reciban lo mismo que los últimos?
Me debo estar perdiendo algo.
“Nadie nos ha contratado”.
Me pregunto qué esconde esta respuesta de los últimos jornaleros. ¿Por qué has incluido este diálogo? ¿Y por qué responden esto? Y, sobre todo, ¿qué hay tras su respuesta que el propietario, al escucharla, parece perder el juicio, y perderlo hasta el punto de hacer que parezca tener sentido lo que, a ojos de todos, no lo tiene?
Y esto es lo que más me sorprende: que lo que parece injusto sea exactamente lo que desea el propietario, y con Él, el corazón de Dios, y lo que abunda en su Reino…
Y es que así es, aplastante pero real:
Nadie los había contratado a última hora de la tarde, nadie confió en ellos.
Durante horas, que les parecerían días o años, les faltó tu compañía, tu amor, el consuelo de estar contigo, el gozo de trabajar y llenar los instantes en una constante entrega en la mejor de las viñas.
Les faltó familia, descansos a la sombra, el refresco de un vaso de agua dado a tiempo. Les faltó compartir, reír, pringarse y sudar con gusto las horas, sabiéndose el grupo de jornaleros más afortunados del mundo.
Les faltó todo eso y mucho más, y sencillamente porque nadie les había contratado.
Esta carencia… esta carencia resuena en mi alma: hay tantos que conozco que parece que llegan tarde, que vuelven casi en el descuento, que han puesto su vida patas arriba… y, después de haberla liado muchísimo, vuelven…
Tantos que han vivido lejos de ti, tantos que aún hoy permanecen ahogados en vidas sin vida…
Tantos que, al acercarse a Ti, ya solo pueden ser tus primeros… y los míos.
Solía buscarte por fuera,
olvidaba que ya estás en mí.
Has venido, me has morado, te has quedado,
y te mueres por crecer en mí,
y te mueres por crecer en mí.
La razón no me permite vivirte,
hay demasiado hoyo en mí.
Sólo tú puedes habitarme,
quiero que vivas en mí,
que seas libre dentro de mí.
Te busco para traerte
y olvido que en lo hondo ya estás.
Quiero liberarte,
liberarte y dejarte ser,
dejarte ser.
Yo te dejaré, ¡quiero liberarte!
Y yo te dejaré,
porque eres Tú, quien vive en mí,
quien vive en mí.
No acepto, el mientras tanto,
cada instante es dador de Ti.
Te revelas y me buscas como loco,
expectante en lo banal,
¡Ahí me dices qué quieres de mí!
Te abalanzas sobre mi alma
escondido en la casualidad:
en ella quiero abrazarte,
descubrirte y darte mi sí.
¡Vive Tú en mí!
Yo te dejaré, ¡quiero liberarte!
Y yo te dejaré,
porque eres Tú, quien vive en mí,
quien vive en... (x2).
¡Dejaré que Tú elijas,
cómo y cuándo servir!
¡Dejaré que Tú elijas,
el modo en que he de sentir!
¡Vive Tú en mí!
¡Oh, oooh, oh! ¡Quiero liberarte!
¡Oh, oooh, oh! ¡Quiero liberarte!
¡Oh, oooh, oh! ¡Quiero liberarte!
¡Oh, oooh, oh!
Porque eres Tú quien vive en mí,
quien vive en mí.
Bendito sea Dios, su santo nombre
Bendito Jesucristo, Dios de carne
Bendita creación que enmoró a su Creador
Bendito deseado y deseante
Bendito sea Dios su ardiente corazón
Su preciosa sangre, su presencia
apasionada en el altar
Bendito el Espíritu libre y amante
Bendita la Madre de Dios, José, los
ángeles, los santos
Bendito Cristo entre nosotros:
¡¡su familia!!
Uuuuuuuuuuuuu
Que da la vida
¡¡Bendito sea Dios que da la Vida!!
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.