
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Toda la belleza
que me rodea,
que despierta en mí
un mayor porqué.
Cuanto más abres los ojos
menos ves.
¿Por qué yo? ¿Por qué aquí?
Y todo es.
Me enamoro, sonrío lloro,
se me eriza la piel.
Si me rompo me asusto y corro
no se hacia quién.
Todo apunta a algo
es más loco creer,
que es azar, que aquí no hay más
y no hay un quién.
Entre las anestesias
y la hipnosis de lo sensible,
he bajado los brazos,
relajado los puños,
he encontrado algo puro
que me deja ser niño.
Alguien que no conozco
el artista más vivo.
Y algo se ha removido
en lo profundo.
Ooooh oooh oooh (x2)
Hay algo tan romántico,
tan inmenso e infinito.
Hay tanta belleza que asusta,
porque me pone en el segundo
sitio.
Pero hoy el miedo es distinto,
todo lo real es heredad.
Hoy el dolor es acompañado,
hoy soy hijo soy amado.
Hoy soy con, soy para, soy rodeado
por el abrazo de alguien tan real,
que tiene que ser verdad.
He pasado de lo casual
a lo causal.
He cruzado el umbral
con miedo y al final.
Lo reconozco soy pequeño
y eres tan real.
Estás aquí, la relación
da un paso más.
Los colores que me faltaban
han llovido de ti.
Sin embargo es mi
decisión buscarte en mí.
Lo creado y admirado
me apunta a Ti.
Yo decido si profundizo
o me quedo aquí.
Siempre imaginé la felicidad ligada al
poder y a la comodidad.
Siempre imaginé la felicidad ligada a
mis sueños cumplidos.
No sabía que la felicidad era así.
Miembro de un pueblo, tengo familia,
Ciudadano del cielo y de estirpe
elegida,
De nación, piedra de iglesia, que
habita en Jerusalem.
Oveja del divino redil a quien el
pastor señala y susurra:
¡Estos son mi madre y mis
hermanos, soy de tu familia,
qué bonita es, tu Iglesia!
Mmmmmmm
Siempre imaginé la felicidad ligada al
poder y a la comodidad.
Siempre imaginé la felicidad ligada a
mis sueños cumplidos.
No sabía que la felicidad está aquí:
Aquí y no allí, ahora y no mañana,
En lo que hago y no en lo que queda
por hacer,
Dentro de mí, en saber que me amas
En serte fiel y no entender o poseer.
Allí la noche es clara como el día
lugar en desde el que miras y me
susurras:
¡Cuánto te he esperado!
¡Soy de tu familia!
¡Qué bonita es tu Iglesia!
Riéndome de mi autosuficiencia,
contigo pan blanco que me susurras:
¡Sed uno, como el Padre y yo!
¡Porque soy de tu familia!
¡Qué bonita es…!
¡Estos son mi Madre y mis
hermanos!
¡Soy de tu familia!
¡Qué bonita es tu Iglesia!
Mt 9, 36-10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis».
“Al ver a las gentes”…
La verdad es que leo esto y no puedo más que acordarme de la cantidad de personas el finde pasado con la visita del papa…
Rios y ríos de gentes…
De los cuales tengo que admitir que muchas veces quise huir, separarme un poco, buscar mi espacio… me suele pasar en eventos con tantas personas.
Sin embargo no es esta tu reacción…
Tú las ves.
Y no te abrumas.
Ni siquiera te quejas.
No buscas “tu espacio”.
Tú les miras.
Miras el corazón de cada uno.
Contemplas su historia.
Sabes lo que les preocupa.
Los retos a los que se enfrentan.
Los miedos con los que lidian.
Sabes lo que les ilusiona.
Conoces sus sueños.
Tu.
No ves “gente”.
Tu miras a cada uno.
Conoces a cada uno.
Y ante esto no puedes más que compadecerte.
Llamas a algunos por su nombre.
Y los llamas solo para seguir nombrando a más a través de ellos.
Buscas saciar.
¡A todos!
Llegar a todos.
Nombrar a todos.
Dar vida.
¡Y vida en abundancia!
¡Sobreabundante vida!
Me pregunto si me he dejado llamar por ti… Si he escuchado mi nombre salir de tu boca, si he recibido tu vida…
¿Vivo con la conciencia de que me miras? ¿De qué no puedes dejar de mirarme?
Solo si recibo esta mirada seré capaz de mirar cómo tú miras.
De dejar de ver “gente” y mirar personas
¡Mírame!
¡Enséñame a descubrir tu mirada!
Sobre toda mi vida.
Sobre todo mi ser.
Sobre mi pasado.
Mi presente.
Y mi futuro.
¡Compadécete de mi!
¡Mírame!
¡Hoy, mírame!
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Cuentas el número de estrellas,
a cada una llamas por su nombre.
Reconstruyes cada vida arruinada,
y no se escapa nada de Tu mirada.
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Confío en Tu misericordia,
te cantaré mientras yo viva. (x6)
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú eres santo.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Señor.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Altísimo.
Te alabo, mi Dios
y siempre te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabo, mi Dios
solo Tú eres santo.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Señor.
Te alabo, mi Dios,
solo Tú, Altísimo.
Te alabo, mi Dios
y siempre te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré
Te alabaré, te alabaré.
Te alabaré, te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Te alabaré,
te alabaré.
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.