
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Aleluya, aleluya
aleluya, aleluya.
Estoy aquí porque un día
me pusiste nombre,
diste sentido a mi vida
y todo lo que soy.
Yo quiero unirme a los
gritos y al corazón,
de los de arriba cantando
‘Dios me salvó’.
Aleluya, aleluya.
Cómo será el paraíso,
tan bello es vivir en Ti.
Tan solo podré
alabarte mi Dios,
no hay nada más que yo
pueda pedir.
Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya.
Gritas mi nombre,
reconozco tu voz.
Ahora puedo gritar
‘Dios es Dios’. (x2)
Aleluya, aleluya
Dios que da vida a los deseos.
Aleluya.
Dios de promesa cumplida.
Aleluya.
Tú eres el Dios que me salvó.
Aleluya.
Dios de toda creación.
Aleluya.
Dios que da vida a los deseos.
Aleluya.
Dios de promesa cumplida.
Aleluya.
Tú eres el Dios que me salvó.
¡Aleluya!
Dios de toda creación.
¡Aleluya!
Dios que da vida a los deseos.
¡Aleluya!
Rey de promesa cumplida.
¡Aleluya!
Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya,
aleluya, aleluya.
Han pasado ya tres días
desde que se fue.
Todavía no entiendo
cómo le ha pasado esto a Él.
Al que más amaba,
al que por Amor vivía.
Se me encoge el corazón
al ver tan rota a María.
Cojo unas colonias,
y voy a visitarle.
Llamo a mis amigas,
para acompañarme.
Y de camino no podemos evitar
lágrimas que caen al recordar.
Llegamos al sepulcro,
la piedra han movido.
No entendemos nada,
el sepulcro está vacío.
¿Qué es lo que han pasado?
¿Acaso lo han robado?
Y cuando miro dentro,
un ser de luz sentado,
que susurra a mi lado.
No entiendo mujer ¿por qué lloras?
¿Por qué buscáis entre los
muertos?
Él no está aquí, ¡ha resucitado!
Recordad cuando os dijo
que debía ser entregado,
por vuestros pecados,
ser crucificado.
Pero que al tercer día, volvería.
Paz en mis entrañas,
amor inexplicable,
sólo quiero gritarlo:
¡Dios existe! ¡Dios es grande!
Lágrimas ahora de felicidad.
Nos han regalado la eternidad.
No entiendo mujer ¿por qué lloras?
¿Por qué buscáis entre los muertos?
Él no está aquí, ¡ha resucitado!
Recordad cuando os dijo
que debía ser entregado,
por vuestros pecados
No entiendo mujer ¿por qué lloras?
¿Por qué buscáis entre los
muertos?
Él no está aquí, ¡ha resucitado!
Recordad cuando os dijo
que debía ser entregado,
por vuestros pecados,
ser crucificado.
Pero que al tercer día, volvería.
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro e, inclinándose, vio los lienzos tendidos, pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.
……………………
¿Qué es la cruz?
¿Por qué, Jesús?
¿Por qué elegir el dolor…, por qué pasar por la muerte… para después resucitar?
No lo entendía.
Hasta que me encontré cara a cara contigo.
Con tu rostro: un rostro herido, golpeado, escupido, cubierto de sangre. La corona de espinas clavada en tu frente… la sangre cayendo lentamente… los ojos cansados, llenos de dolor… y, aun así, mirándome.
Sin apartarse.
¿Por qué, Jesús?
Y entonces ocurrió. Ese rostro herido se acercó.
Ese Pobre se acercó a esta pobre.
A mi pobreza. A mis heridas. A mi suciedad. A mi indiferencia. A mi inseguridad. A mi soberbia. A mi envidia… a mi vacío.
No retrocediste. No te apartaste. Te acercaste más.
Ese Pobre, coronado de espinas…, me tendió la mano. A mí, pobre.
Y en ese momento entendí algo: que la cruz no era solo tuya. También era mía.
Porque, mientras te clavaban, mientras levantaban la cruz, mientras tu cuerpo caía y se sostenía, yo estaba allí.
Y no solo mirando. También estaba dentro.
Y entonces me pediste algo imposible… o eso parecía:
«Muere conmigo».
Deja morir todo lo que no es vida. Todo lo que ensucia tu corazón. Todo lo que te aleja.
Y dolió.
Dolió soltar. Dolió mirar dentro.
Dolió dejar todo aquello a lo que me aferraba.
Pero lo hice y morí contigo, en esa cruz.
¿Por qué, Jesús?
Porque la historia no terminaba ahí. Porque el silencio del sábado no era el final.
Porque al tercer día resucitaste.
Y yo… en Ti.
Y ya no había sangre, ni heridas abiertas, ni espinas. Había luz. Había vida.
Había vestiduras nuevas, blancas, limpias, como si todo hubiera sido recreado desde dentro.
Todo era distinto.
Y, sin embargo, algo seguía ahí:
la pobreza. Pero ya no era oscura, ya no era peso, ya no era vacío. No: era otra cosa.
Una pobreza transformada: blanca, luminosa, habitable.
Una pobreza que ya no separa, sino que une; que ya no hunde, sino que abre.
Señor, moriste para resucitar.
Moriste para que yo muriera contigo.
Para que todo lo viejo cayera.
Para que todo lo herido fuera tocado.
Para que todo lo roto pudiera empezar de nuevo.
Y así, resucitar en Ti.
Ahora te pido, como pobre que soy, el deseo de morir y de resucitar en Ti todos los días.
Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin miedo te
espero (x2)
Ahora que no hay tierra que pisar
Aunque todo en mí me pide
abandonar
Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin miedo te
espero (x2)
Cielos, ejércitos,
luz y tinieblas,
la noche y el día,
el sol, las estrellas,
cantad, bendecid al Señor
Que rompan los mares,
los ríos que corran,
que naden los peces,
retumben las olas,
cantad, bendecid al Señor
Los montes y cumbres,
los fríos y heladas,
ganados y fieras,
las aves y plantas,
cantad, bendecid al Señor
Hijos de hombres,
que rían y lloren,
que abracen, que corran
que griten y adoren,
cantad, bendecid al Señor
Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin
miedo te espero (x4)
A ti te alabo Señor en tu templo.
A ti te alabo con todo el
firmamento.
A ti te alabo por todo lo que tú
has hecho.
A ti te alabo por crear sin
merecerlo.
A ti te alabo con trompas y flautas.
A ti te alabo con tambores y danzas.
A ti te alaban criaturas y animales.
A ti te alaban las montañas y los
mares.
A ti te ala…ban.
A ese ser que creó este mundó
pór amór nó ló encóntraba.
Nó creía que fuera pósible
este dón, un Diós.
Tódó ló que veó a mi alrededór
grita que aquí estas y escónde
mi temór.
Tódó ser que aliente alabe
al Senór y grite bien fuerte
A ti te alabo Señor en tu templo.
A ti te alabo con todo el
firmamento.
A ti te alabo por todo lo que tú
has hecho.
A ti te alabo por crear sin
merecerlo.
A ti te alabo con trompas y flautas.
A ti te alabo con tambores y danzas.
A ti te alaban criaturas y animales.
A ti te alaban las montañas y los
mares.
A ti te ala…ban.
A ti te alabó aunque te escóndas,
aunque yó nó pueda verte.
A ti te alabó que me salvas de la
muerte.
A ti te alabó en el silenció de un amór
que ya nó siente.
A ti te alabó eres mi Diós, eres mi vida
eres mi fuerte.
A ti te alabó en ló sencilló, cótidianó,
indiferente.
A ti te alabó cón el vivó que se escapa
de la muerte.
A ti te alabó cón el muertó que te
espera ansiósamente.
A ti te alabó eres mi Diós,
eres mi vida.
A ti te ala………bó (x3)
A ti te alabó, Senór en tu templó…
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.