LAS PAM 2026

🗓 25 de febrero de 2026


Todo

Padre pon tu Espíritu sobre mí,
aquí estoy, aquí me tienes.
Gracias por la vida,
Que la viva siendo todo yo
Que la viva siendo todo yo

Todo libre,
todo entregado,
todo Tú,
todo dado,

todo alegre,
todo amante,
todo amado,

todo arrodillado,
todo hijo,
todo hermano,
todo padre,

todo disfrutón,
todo mariano,
todos por todos,

que viva todo,
con toda el alma.


Imprescindible

Mirándote con Cristo me recreo,
tu espíritu de reina te embellece.
No conoces ni sombra de la muerte,
solo sabes decir “Sí”.

Ofreces tu carne al Padre y a tus hijos.
Femenina, me proteges.
Sólo te importa ofrecer un corazón
donde reclinar la cabeza:

¡de ti no puedo prescindir!
¡de ti no quiero prescindir!


Bendita entre todas las mujeres,
tú que ignoras tu belleza,
nada tuyo en ti ocupa lugar,
en ti quepo todo entero.

Contigo me siento único y tranquilo.
Tu mirada me comprende.
Tan solo yo quiero tener un corazón
donde reclinar la cabeza:

¡de ti no puedo prescindir!
¡de ti no quiero prescindir!


Ni el mismo Dios pudo prescindir de
Ti

¡de ti no quiso prescindir!
¡de ti no pudo prescindir!


Evangelio

Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. Y acercándose el tentador le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Él respondió:
—Escrito está:
No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios. Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo:
—Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:
Dará órdenes a sus ángeles sobre ti, para que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.
Y le respondió Jesús:
—Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dijo:
—Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.
Entonces le respondió Jesús:
—Apártate, Satanás, pues escrito está:
Al Señor tu Dios adorarás y solamente a Él darás culto. Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían.

VOZ EN OFF

No se escucha nada… La más absoluta tranquilidad. ¿Hace cuánto tiempo que no me alejo de Ti, Señor? Me encuentro en medio de un camino duro, pero lleno de paz, hasta tu muerte y Resurrección. Estoy confiado. ¿Cómo no estarlo? He conseguido vencer mis vicios, esos pecados que me destruían cada semana… Todo bajo control.

Pero llaman a la puerta de mi alma. De forma educada, vuelvo a escuchar palabras que me suenan. Atiendo a lo que me propone esa voz, y cometo el gran error: dialogar con la tentación. La racionalizo, sopeso los pros y contras, las posibles excepciones y, antes de emitir mi veredicto, ya he caído. Me asola la vergüenza y noto el dedo acusador de mi enemigo.

Pero, ¿quién es mi enemigo? ¿El mal? ¿La antipatía? ¿Las malas intenciones? No, tiene nombre, aunque a veces me dé miedo pronunciarlo: el Demonio.

He pretendido echarle un pulso confiando en mis fuerzas sólo para darme cuenta de que es mucho más astuto que yo. Cuando creo que lo he vencido, vuelve al tiempo con otros cien como él.

Me propone convertir mi dolor en pan, arrojarme a un océano de placeres, obtener los aplausos del hombre, y luego me acusa de todo ello para que pierda la esperanza.

Sin embargo, ¿qué esfuerzo he padecido que Tú no? No quisiste ahorrarte ni el sufrimiento de la tentación. Y Tú no dialogas con ella, sino que respondes con la palabra. La palabra. La palabra. La palabra. No necesitas más para que cese.

He gastado tanto tiempo tratando de sortear la tentación debatiendo con ella en mi interior, cuando lo único que necesito es tu Palabra. Es mi manual de guerra, y lo tengo a mi alcance en cada página de las escrituras, incluso puedo comulgarla cada día.

¡Puedo responder con tus labios! Tu palabra no sólo es alimento, sino mi escudo y mi arma. ¿Quién me hará temblar?


Mi peso en tus hombros (Estación II)

¡Pero qué hace ahí tirado, dejando
que le aten un madero a las espaldas!
Si es Dios...
¿Qué hace ahí? ¿Por qué está ahí?

Él quiso morir atado a nuestro peso
en sus espaldas. Y Tú te ataste a mí,
te ataste a mí.

Hoy quiero decirte, Señor,
que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que te ata al leño es tu amor.

No puedes dejar de atarte, ni de
tomarte tan en serio mi pecado:
¡sólo quieres verme liberada!

No es un “amor de quita y pon”;
me quieres como un ciego apasionado.
Señor, contágiame de tu pasión.

Hoy quiero decirte, Señor,
que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que te ata al leño es tu amor.

Unos tontos te atamos a un madero,
otros ignorándote.
Arrastrados por el placer,
por la muerte nos dejamos vencer.
¡Y tan fuerte es tu amor,
que no te puedes desatar!
¡Y aun conociéndome,
no me puedes dejar de amar!

Hoy quiero decirte, Señor,
que te doy las gracias,
que recuerdo mi peso en tus hombros,
pues lo único que tengo es tu amor.


Vértigo

Quiero encontrarte
Quiero contarte mis planes, hacerte reir.
Quiero maravillarme
Quiero saber mirarte en la puesta de Sol
Quiero lo que Tú quieras
Quiero la fuerza que tienes para conquistar

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.
(x2)

Quiero entregarme
Quiero un mar de ilusiones poder navegar
Quiero abrirte la puerta
Quiero dejar que Tú seas la luz que hay en mí.

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,

basta con suspirar.
(x2)

Lerelerelerelere
lerelerelere
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,

basta con suspirar.
(x2)


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.