CUIDAR UN SAGRARIO

🗓 11 de febrero de 2026


Todo

Padre pon tu Espíritu sobre mí,
aquí estoy, aquí me tienes.
Gracias por la vida,
Que la viva siendo todo yo
Que la viva siendo todo yo

Todo libre,
todo entregado,
todo Tú,
todo dado,

todo alegre,
todo amante,
todo amado,

todo arrodillado,
todo hijo,
todo hermano,
todo padre,

todo disfrutón,
todo mariano,
todos por todos,

que viva todo,
con toda el alma.


Al estar en la presencia

Al estar en la presencia de tu divinidad,
Y al contemplar la hermosura de tu santidad,
Mi espíritu se alegra en tu majestad
Te adoro a Ti, te adoro a Ti.

Cuando veo la grandeza de tu dulce amor
Y compruebo la pureza de tu corazón
Mi espíritu se alegra en tu majestad
Te adoro a Ti, te adoro a Ti

Y al estar aquí, delante de Ti, te adoraré,
Postrado ante Ti, mi corazón te adora oh Dios,
Y siempre quiero estar, para adorar,
Y contemplar tu santidad,
Te adoro a Ti Señor, te adoro a Ti

Y al estar aquí, delante de Ti, te adoraré,
Postrado ante Ti, mi corazón te adora oh Dios,
Y siempre quiero estar, para adorar,
Y contemplar tu santidad,
Te adoro a Ti Señor, te adoro a Ti


Evangelio

«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

—————————————————

VOZ EN OFF

Aquí estoy, delante de ti, brillando a duras penas, con una luz tenue, intermitente, que lucha por no apagarse… Ni si quiera es una luz fuerte, constante, sino que para poder verla hay que acercarse.
¿Cómo puedes contar con esta luz para iluminar una ciudad encima de un monte, para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de una casa?

Vosotros sois la sal de la tierra.
Vosotros sois la luz del mundo.
¿Estás seguro Señor?
Mírame bien…

Si es que el fondo nunca me he sentido interpelada… Lo debes de decir por tantos otros, no por mi…
La verdad que aquí, delante de ti, he de reconocerlo: ha sido muy fácil vivir así, sintiendo que tu palabra va dirigida a aquellos del pasado o a otros que no son yo, más capaces, o simplemente a quienes si se dan por aludidos; y cogiendo otros pasajes de tu vida que me interesan porque, al repetirlos, me permiten salir victoriosa de alguna conversación, con una cierta superioridad moral…

Pero… pararme a pensar en que me lo estás diciendo a mi, a mi personalmente; postrarme ante ti y, mirándote a los ojos, entender que tu orden va directamente dirigida a lo más profundo de mi corazón… ¡Eso me cuesta mucho Señor! Me da vértigo; me hace sentir insegura, como si estuviese desnuda; y muy imponente y limitada, como si no fuera capaz.

Yo no me sé encender Señor… No hay nada en mi que sirva para iluminar. Soy sal sosa y tan solo me quiero ocultar detrás de mis victorias falsas, de mi fingida seguridad.

……..

Pero espera… Quizás no lo deba de hacer yo. Porque es verdad que no me lo preguntas; ni te planteas si soy capaz. Me lo ordenas, como ordenaste a tus apóstoles ir de dos en dos, dándoles poder para echar espíritus y curar enfermos en tu nombre.
Quizás yo tan solo sea una lampara, vacía, resquebrajada; una ciudad apagada, sal poco salada…
Quizás seas tú el aceite, el fuego que va dentro, la luz encima del monte, y la sal, que revive cualquier plato.

Tú eres el alimento y yo tan solo tengo que comerlo, beberlo, acudir a Él reconociendo que lo necesito para no morir debilitada, como un animal sediento.

Ahora entiendo que no soy yo, que eres Tú. Que yo soy el siervo y Tú mi Señor, y como Charles de Foucald decía… Quiero ser tan bueno que las gentes digan: “Si así es el siervo…. ¿Cómo será su Señor?”

¡Aquí estoy yo, Señor! ¡Tu sierva! ¡Lampara vacía! ¡Enciende tu luz!


Cuatro vientos

De los cuatro vientos, ¡ven!
Sopla tu aliento sobre estos
muertos hasta que vivan. (bis)


Vengo ante Ti con la sencillez de un
niño,
que no improvisa, no planea, sólo
confía.
Vengo ante Ti a vivir de lo que has
dicho,
a reclamar lo que Tú me has
prometido.

Ven, ven, que Tú eres bienvenido.
Ven, ven a este roto corazón.
Ven, ven, que yo me sepa querido.
Ven, ven, ¡quiero bailar contigo!

De los cuatro vientos, ¡ven!
Sopla tu aliento sobre estos
muertos
hasta que vivan. (bis)

Arranca la piedra que tengo por
corazón
y dame uno que sangre.
Sobre mi alma seca, muerta y oscura
vuelca tu cascada de agua pura.
Ven, ven, y así viviremos.
Ven, ven, que no soy nada sin Ti.
Ven, ven, te reconoceremos.
Ven, ven, ¡quiero bailar contigo!

De los cuatro vientos, ¡ven!
Sopla tu aliento sobre estos
muertos
hasta que vivan. (bis)

Sé que estás aquí, que me oyes y que
me ves,
porque Tú eres fiel.
Gracias por venir a este lugar.
Gracias por moverte en mí,
¡porque, para recibir, sólo tengo que
pedir!


El Rey de mi vida

Quiero alabarte sin parar
todos los días.

Que tu presencia sea el anhelo
de mi vida.

Yo quiero hacer tu voluntad.
Señor yo te quiero agradar.

Y quiero darte
siempre el primer lugar.
Yo quiero darte
siempre el primer lugar.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Quiero adorarte sin parar
todos los días.

Que tu presencia sea el anhelo
de mi vida.

Yo quiero hacer tu voluntad.
Señor yo te quiero agradar.

Y quiero darte
siempre el primer lugar.
Yo quiero darte
siempre el primer lugar.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.

Si tu eres el rey.
El rey de mi vida.
El número uno en mi corazón.
A ti yo te rindo todo lo que soy.


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.