Una inevitable frustración

🗓 29 de enero de 2026


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


Entre anestesias

Toda la belleza
que me rodea,
que despierta en mí
un mayor porqué.
Cuanto más abres los ojos
menos ves.
¿Por qué yo? ¿Por qué aquí?
Y todo es.

Me enamoro, sonrío lloro,
se me eriza la piel.
Si me rompo me asusto y corro
no se hacia quién.
Todo apunta a algo
es más loco creer,
que es azar, que aquí no hay más
y no hay un quién.

Entre las anestesias
y la hipnosis de lo sensible,
he bajado los brazos,
relajado los puños,
he encontrado algo puro
que me deja ser niño.
Alguien que no conozco
el artista más vivo.
Y algo se ha removido
en lo profundo.
Ooooh oooh oooh (x2)

Hay algo tan romántico,
tan inmenso e infinito.
Hay tanta belleza que asusta,
porque me pone en el segundo
sitio.
Pero hoy el miedo es distinto,
todo lo real es heredad.

Hoy el dolor es acompañado,
hoy soy hijo soy amado.
Hoy soy con, soy para, soy rodeado
por el abrazo de alguien tan real,
que tiene que ser verdad.


He pasado de lo casual
a lo causal.
He cruzado el umbral
con miedo y al final.
Lo reconozco soy pequeño
y eres tan real.
Estás aquí, la relación
da un paso más.
Los colores que me faltaban
han llovido de ti.
Sin embargo es mi
decisión buscarte en mí.
Lo creado y admirado
me apunta a Ti.
Yo decido si profundizo
o me quedo aquí.


Huracán

Me he hecho tantas preguntas
Intentando entender
Me he lanzado a buscarte
Sin saberte ver
Me he asomado al abismo
Me he atrevido a saltar y caer

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta

Y me han dado respuestas
Pero no se que hacer
He prometido seguirte sin entender
Y hay un eco en lo hondo que me empuja hacia ti
Y aunque sea sin sentirte te buscaré

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta x2

Estoy aquí, en el silencio
Estoy aquí, en este viento
Estoy aquí, soy este trozo de pan
Estoy aquí, en tu lamento
Estoy aquí, en ese eco
Estoy aquí, soy este trozo de pan

Y un huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándote donde estas cuando me haces falta  (x4)
Y tu huracán romperá el cielo desde mi garganta
Gritándome cuanto me haces falta


Evangelio

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombra de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

……..

Tú, viviendo
aquí, en medio del mundo,
siendo uno de tantos, sencillo y muy humano.

Momentos tan normales como el de hoy.
Nada extraordinario.
Nada fuera de lo normal.

Te imagino tranquilo, caminando,
dando un paseo a la orilla del mar,
disfrutando de la belleza de la creación, del silencio…
Y de repente tu mirada se va a dos hombres.
Les dices, sencillamente, que vayan en pos de ti, que te sigan.

¿Qué viste en ellos?
¿Por qué, sin buscarlos, te los encontraste en el camino y no dudaste en dirigirte a ellos y pedirles que lo dejaran todo para estar contigo?

De primeras puede parecer que no les pediste mucho, pero la verdad… tampoco fuiste muy explícito en lo que les pedías.
Simplemente les dijiste que dejaran eso en lo que estaban (pescar y repasar las redes) y que te siguieran.
Y que tú ya harías lo demás.
«Venid en pos de mí y os haré…».

Les pides un poquito, pero les prometes mucho…

Verte vivir es alucinante, Jesús… pero hoy lo que también me llama la atención es la actitud y la respuesta de Simón y Andrés, y de Santiago y Juan.
Me encantaría saber qué pasó en sus corazones cuando escucharon tu voz
o qué vieron en tu mirada al cruzarse con la suya.
¿Por qué su respuesta fue tan radical y decidida?

Te escucharon y, sin dar muchas vueltas, inmediatamente respondieron.
Es muy fuerte… en ese momento tú eras un extraño para ellos. No sabían nada de ti.
¿Cómo es posible que fueran tan decididos y radicales en su respuesta, de dejarlo todo y seguirte?

Hoy sigues siendo así.
Sigues llamando con la misma fuerza,
con las mismas palabras,
con la misma contundencia,
con la misma promesa.
Pero yo parece que no me entero,
que aún sigo liado resolviendo el enredo de mis redes.

Si por un segundo viera cómo me miras y cómo me llamas… te seguiría sin entender, como estos cuatro hombres sencillos y humildes que, seguro, tampoco entendían nada… pero algo en su corazón les hizo fiarse, aun sin conocerte.
Algo en ellos sabía de quién se estaban fiando.

Hoy quiero ser capaz de escucharte y seguirte como lo hicieron ellos, Jesús.
No quiero que esto se quede en una creencia sin más.
Quiero que mi vida sea un seguimiento real y radical de tu persona.

Quiero dejarme mirar hoy por ti, imaginándome aquella misma mirada frente al mar de Galilea.
Mirarte yo
y ahí,
en el silencio,
escuchar tu voz que me llama a mí también,
por mi nombre.

El corazón nunca miente…
Sé que, si hago silencio y me paro, soy capaz de escuchar tu voz.

María… tú sí que fuiste capaz de escuchar nítidamente su voz, e igual que estos sencillos pescadores, sin entender nada, le respondiste que sí.
Tu corazón era humilde y sabía escuchar.
Nada más hizo falta.
Inmediatamente dijiste que sí y, como a los discípulos, Él fue quien hizo todo lo demás en ti.
Enséñame a tener un corazón como el tuyo:
libre, confiado y seguro de quién se ha fiado.


En medio del fuego

Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin miedo te
espero (x2)


Ahora que no hay tierra que pisar
Aunque todo en mí me pide
abandonar

Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin miedo te
espero (x2)


Cielos, ejércitos,
luz y tinieblas,
la noche y el día,
el sol, las estrellas,
cantad, bendecid al Señor

Que rompan los mares,
los ríos que corran,
que naden los peces,
retumben las olas,
cantad, bendecid al Señor

Los montes y cumbres,
los fríos y heladas,
ganados y fieras,
las aves y plantas,
cantad, bendecid al Señor

Hijos de hombres,
que rían y lloren,
que abracen, que corran
que griten y adoren,
cantad, bendecid al Señor

Alzo la voz, en medio del fuego
De pie en el dolor, sin
miedo te espero (x4)


Bendito

Bendito sea Dios, su santo nombre
Bendito Jesucristo, Dios de carne
Bendita creación que enmoró a su Creador
Bendito deseado y deseante

Bendito sea Dios su ardiente corazón
Su preciosa sangre, su presencia
apasionada en el altar
Bendito el Espíritu libre y amante
Bendita la Madre de Dios, José, los
ángeles, los santos
Bendito Cristo entre nosotros:
¡¡su familia!!

Uuuuuuuuuuuuu
Que da la vida
¡¡Bendito sea Dios que da la Vida!!


Madre de Hakuna

Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.

Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios

Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.