
Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)
Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Cuentas el número de estrellas,
a cada una llamas por su nombre.
Reconstruyes cada vida arruinada,
y no se escapa nada de Tu mirada.
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
Confío en Tu misericordia,
te cantaré mientras yo viva. (x6)
Tú sanas los corazones
destrozados,
y vendas sus heridas con Tus
manos.
En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Las tinieblas parecen que cubren todo alrededor.
entre gritos,
rezos y súplicas,
te desgarras de dolor.
Y así,
sin más,
exhalas tu Espíritu.
Tu Espíritu.
Que regalo tan grande nos has dejado.
Que don tan grande podemos tener en nuestras manos.
Porque gracias a tu muerte,
continuamente en mi corazón,
puedo encontrarme con ese Dios que me ama.
Un Dios hecho carne,
que se despoja de si mismo
lo pierde todo,
intentándomelo dar todo.
Pierde la vida,
queriendo devolvérmela.
Exhala su espíritu,
Para que yo lo reciba.
Cuánto me ama,
Que solo quiere que sea libre, salvada y resucitada.
Pero en el amor,
Esto es un juego de dos.
En esta relación yo también tengo que poner de mi parte.
Lo único es que yo tan solo tengo que creer.
Creer y nada más.
Y Jesús,
aquello por lo que pasaste,
Quiero que valga la pena.
No es necesario nada más,
Creer y abrir el corazón para que entres.
Hoy señor,
Quiero decirte con seguridad,
que te abro la puerta,
Quiero que tengas la seguridad,
De que estoy aquí también.
De que te acompaño en este camino y que juntos haremos todo lo que el padre quiera.
No se conoce en la historia locura
como esta,
de un hijo que sea Romeo de su
Padre.
No hubo flecha de cupido más rápida
y tensa,
ni abrazo más perfecto,
no hubo gotas más iguales.
Fiel como su sombra, poseso de una
única obsesión.
¿Qué quieres Padre? Dímelo.
Es necesario que el mundo sepa
que yo amo al Padre.
Mi único interés son sus deseos,
mi fuerza es su querer.
Su corazón llora en mis mejillas,
llena mi boca de sus sonrisas
y sus deseos son los pasos de mis
pies
Conozco lo que siente el corazón de
mi Padre
No se da por vencido, no accede al
desengaño.
Lo que ha amado mi padre no lo da
por perdido,
como los ojos del esclavo en los
labios del Señor.
Esclavo de sus amores, poseso de una
única obsesión.
¿Qué quieres Padre? Dímelo.
Es necesario que el mundo sepa
que yo amo al Padre.
Pretenden seguirme sin conocer,
mi corazón.
Solo quién comparte en el huerto
al Padre,
descubrirá su verdad y sentido.
Pues es mentira cualquier vida
fuera de esta relación
Bendito sea Dios, su santo nombre
Bendito Jesucristo, Dios de carne
Bendita creación que enmoró a su Creador
Bendito deseado y deseante
Bendito sea Dios su ardiente corazón
Su preciosa sangre, su presencia
apasionada en el altar
Bendito el Espíritu libre y amante
Bendita la Madre de Dios, José, los
ángeles, los santos
Bendito Cristo entre nosotros:
¡¡su familia!!
Uuuuuuuuuuuuu
Que da la vida
¡¡Bendito sea Dios que da la Vida!!
Llévame contigo a todos lados,
que pueda dormir tranquilo bajo tu
preciso manto
Llévame contigo, no me sueltes de la mano,
Y que cuando sienta frío, note tu
cálido abrazo.
Llévame contigo, a donde quieras,
Y es que no hay mayor consuelo que
una madre que te quiera y que algún
día pudiera, al Cielo ir por tu escalera
Y entender que contigo Madre
querida, valió la pena
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir cion humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú el mejor regalo de mi Dios
Que no me canse nunca de mirarte
Y repetir con humilde devoción:
Te quiero con locura preciosa Madre
Tú Madre de Hakuna y mi corazón.