Un curso sobre roca

🗓 11 de octubre de 2022


Ven espíritu ven

Ven Espíritu ven,
y llénanos Señor
con tu preciosa unción. (x2)

Purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
con tu poder
purifícanos y lávanos
renuévanos, restáuranos Señor
te queremos conocer.


Libertad

Quiero vivir la vida,
Que sepa gozar de todo,
Que no me venda a la falsa
diversión.
Que busque la felicidad,
En mi interior.
Que busque la felicidad.

Quiero apostar por grandes
ideales,
Que sepa que mi vida vale,
mucho más, mucho más
Que no me venda a la mediocridad,
Que busque servir y amar,
servir y amar.


Quiero acertar en mis elecciones.
Que sepa distinguir el bien, y el mal.
Que no me venda a ser como los
demás.
Que busque lo que vale la pena, lo que
vale la pena,

Quiero ser libre,
Que sepa esclavizarme por amor.
Que no me venda, al capricho ni a la
pasión.
Que busque la libertad interior
en Ti, en Ti.

Quiero apostar por grandes
ideales,
Que sepa que mi vida vale, mucho
más, mucho más.
Que no me venda a la mediocridad,
Que busque servir y amar, servir y
amar. (X2)


Evangelio

Del santo evangelio según san Lucas (17,11-19):

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Gracias

A veces no puedo.
No puedo acercarme más.
No puedo seguirte los pasos.
No sé llegar a ti.
No soy digno,
No me lo merezco.
No puedo entenderte.
No puedo…
Y a veces entre tanto no, hay que atreverse a gritar.

Desde aquí,
Desde donde estoy.
Desde esta esquina quiero llamarte, Jesús.
Te grito.
Te miro.
Te pido que me mires.
Jesús, estoy lejos.
Jesús, estoy sólo.
Jesús, estoy sucio.

Entonces te paras.
Te paras y me miras.
Este pan me mira.
Este pan VIVO me quiere sanar.
No sé muy bien cómo…
Pero me da igual.
“Estoy aquí… estoy aquí…”
De repente ya no importa nada.
No Importa lo sucio que esté, que Tú no dudas en acercarte.
No importa lo lejos que esté, que contigo delante las distancias desaparecen.
No importa lo que quiera esconderme, que tu corazón nunca dejará de buscar mi corazón.

Y lo ha encontrado.
Y lo ya curado.
Ahora no dejas de abrazarlo.
No dejas de decirme que así lo quieres:
Con heridas, con vendas o con barro.
¡Jesús! ¡Con llamarte ha bastado!
¡Con recordar quién eres ha sido suficientemente!
Y me pides que siga,
Que el camino es largo.
Que salga ahí fuera y te lleve conmigo.
“¡Cuéntales! ¡Cuéntales que quiero sanarles!”
Mi corazón rebosa de amor.
Rebosa de felicidad.
Corre, vuela, salta.
Parece que va a explotar.
Me has dado la vida.
Me lo has dado todo.

Y de repente, algo me dice que frene,
Que algo se me olvida.
Entonces paro y me doy la vuelta.
Y al mirar atrás veo que sigues aquí.
Se me para el corazón.
¿Qué pasa? ¿Qué quieres?
Encuentro tus ojos.
Siguen mirándome, siguen esperándome.
Por fin me doy cuenta:
Gracias. ¡¡¡Sólo gracias!!!


Noche

Por tu Iglesia, que te espera a oscuras,
por tu pueblo que te reza aguardando
la aurora.
Te rogamos, te rogamos.
Por las naciones paganas,
que tienen sed de ti sin saberlo.
Ten piedad, ten piedad.

Por los pueblos oprimidos por el
totalitarismo
y la opresión de la mentira.
Por aquellos perseguidos por tu
nombre, que se ocultan para orar
y aquellos extraídos de su hogar.
Por sus perseguidores,
cegados por el odio,
“Perdónales, Padre,
no saben lo que hacen.”

Por los que no nos aman,
por los que no sabemos amar.
Por los que sufren y agonizan
y hoy duermen en el hospital.
Por los que es su última noche
y cuyos ojos no verán el nuevo día.
Ten piedad, ten piedad.

Por todos los que sufren la tentación
del suicidio,
por los dispuestos a dejar ganar al
mal.
Por aquellos cuyas noches son
interminables,
y a los que la angustia
les ha quitado la paz.

Kyrie Eleison, Kyrie Eleison.
Kyrie Eleison, Kyrie Eleison,
Kyrie Eleison.


Por aquellos que trabajan en la
prostitución
y se ven obligados a vender su amor.
Por los que caen en la trampa
del vicio y las drogas.
Por los que hoy duermen en prisión,
por los que hoy esperan su ejecución,
por aquellos a los que torturan,
Por criminales, por los ladrones,
por los que erran en soledad,
por los que sufren
la indiferencia de los demás.

Kyrie Eleison, Kyrie Eleison.

Por la ciudad,
por todos sus habitantes,
que en sus sueños solo existas Tú.
Por nuestros difuntos que aún no han
visto tu Rostro,
por los alejados entre la multitud.
Por los niños que descansan en el
seno de su madre,
por las mujeres que van a dar a luz.
Para que reine tu paz en cada hogar,
por los que quieren
saciar tu sed de amar.

Kyrie Eleison, Kyrie Eleison.
Kyrie Eleison, Kyrie Eleison,
Kyrie Eleison.


Ten piedad (x10)
Ten piedad, Señor, ten piedad.


Mirada

Mirada creadora creando,
la del salvador salvando.
Mirada de la Comunión,
amando

Mirada de misericordia
del amor crucificado,
mirada que penetra en mi alma,
un fuego abrasador.

Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
cómo es tu libre mirada.
Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
Pues es la más bella y preciada,
la más pura de amor.


Mirada de verdad sincera,
mirada de Rey que reina,
Mirada que envuelve mi vida
y purifica
Mirada del principio y fin
Mirada del Resucitado
Mirada que deslumbra con su luz
Y al cegar sana

Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
cómo es tu libre mirada.
Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
Pues es la más bella y preciada,
la más pura de amor.


Perdóname si cuando miro
miro sin mirar,
si estos ojos que me diste
no saben amar.
sólo veo cuerpos
solo veo humanidad
pero me pierdo, mi Señor,
toda divinidad.

Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
cómo es tu libre mirada.
Enséñame, ¡Oh Trinidad!
Pues es la más bella y preciada,


Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
cómo es tu libre mirada.
Enséñame, ¡Oh Trinidad!,
Si es la más bella y preciada,
la más pura de amor,
la más pura de amor.


Vértigo

Quiero encontrarte
Quiero contarte mis planes, hacerte reir.
Quiero maravillarme
Quiero saber mirarte en la puesta de Sol
Quiero lo que Tú quieras
Quiero la fuerza que tienes para conquistar

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.
(x2)

Quiero entregarme
Quiero un mar de ilusiones poder navegar
Quiero abrirte la puerta
Quiero dejar que Tú seas la luz que hay en mí.

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,

basta con suspirar.
(x2)

Lerelerelerelere
lerelerelere
que sobran las palabras,
Basta con suspirar.

Y a veces tengo vértigo,
no consigo apreciar
que sobran las palabras,

basta con suspirar.
(x2)


Imprescindible

Mirándote con Cristo me recreo,
tu espíritu de reina te embellece.
No conoces ni sombra de la muerte,
solo sabes decir “Sí”.

Ofreces tu carne al Padre y a tus hijos.
Femenina, me proteges.
Sólo te importa ofrecer un corazón
donde reclinar la cabeza:

¡de ti no puedo prescindir!
¡de ti no quiero prescindir!


Bendita entre todas las mujeres,
tú que ignoras tu belleza,
nada tuyo en ti ocupa lugar,
en ti quepo todo entero.

Contigo me siento único y tranquilo.
Tu mirada me comprende.
Tan solo yo quiero tener un corazón
donde reclinar la cabeza:

¡de ti no puedo prescindir!
¡de ti no quiero prescindir!


Ni el mismo Dios pudo prescindir de
Ti

¡de ti no quiso prescindir!
¡de ti no pudo prescindir!